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|Presentación| | |
DECÁLOGO-RETO 1) Inducir procesos auto-instructivos
eficientes De entrada ―y esto es lo principal―, las nuevas herramientas políticas
tendrían que permitir un incremento exponencial generalizado de la culura
política. Es decir, generar con rapidez notable hábitos cívicos de intervención
en los asuntos públicos posibilitando, a gran escala, la adquisición por parte
de la ciudadanía ―de toda la ciudadanía― de competencias para la reflexión y la
acción política. 2) Desbordar el ámbito estatal de actuación
política La ciudadanía a ejercer en un mundo globaliza-do debería ser la
ecociudadanía. De ahí la nece-sidad de que las nuevas herramientas permitan
extender al plano global el tradicional ámbito Estado-nacional de actuación
política, en el hori-zonte de una sociedad sostenible y de responsa-bilidad
global. 3) Autogenerar condiciones de autonomía y
pluralismo Del mismo modo que un proceso químico requiere condiciones de
luz, temperatura, etc., el quehacer político y, por supuesto, los procesos de
enseñan-za-aprendizaje de lo político, tienen sus propias exigencias. De ahí la
necesidad de autogenerar el antídoto de la dependencia política ―la autonomía― y
proveer un requisito clave en el nuevo contexto planetario diverso e
intercultural ―el pluralismo―. 4) Precisar escasa o nula necesidad de
institucionalización Además de la condición esencial de herramienta auto-instructiva, autónoma
y plural debe requerir un grado mínimo o nulo de institucionalización o
reconocimiento formal que resulte compatible, tanto con su origen espontáneo,
intencionalidad coyuntural o circunstancial, funcionalidad temporal limitada o
efímera; como con su carácter virtual e interactivo, apto para desencadenar
procesos permanentes de autofinanciación, autoregulación, autoexpansión,
autorenovación y autogeneración. 5) Flexibilizar el proceso asociativo La rigidez propia del asociacionismo conocido debe
ceder en beneficio de un asociacionismo en su mínima expresión -asociacionismo
blando- que propicie una nueva dimensión del hecho asociativo que
trascienda la tensión del asociacionismo convencional a la institucionalización,
cualquiera que sea su grado, al posibilitar que, incluso, la mera voluntad de
afrontar un determinado asunto de interés público constituya per se un
hecho asociativo.
6)
Dinamizar el quehacer participativoLa substitución de los habituales procesos formales de adopción y ejecución de decisiones ―basados en el acuerdo democrático mayoritario― por procesos ad hoc que permitan expresar más directa y fidedignamente la voluntad popular, dando paso a una amplia gama de opciones participativas desconocidas por la democracia convencional -participación a la carta-.
7)
Prescindir de todo tipo de militancia o membrecíaInstrumentos político eficientes, sí, pero de los que no sea necesario ser militante o socio, sino sólo usuario.
8)
Socializar el liderazgo políticoPermitir la libre asunción de cualquier rol o papel, incluido el liderazgo de las propias propuestas, en el ejercicio de la participación política, merced a una progresiva socialización del protagonismo político que torne innecesario o superfluo y, en todo caso, prescindible, el periclitado rol minoritario de líder o dirigente, basado en la asunción exclusiva, permanente o rotativa, de la iniciativa, la dirección y la representación por parte de uno o escasos representantes dirigentes.
9)
Admitir la cohabitación de enfoques y actuacionesPosibilitar una nueva dimensión del proceso asociativo-decisional que permita dar cabida en un mismo marco instrumental a enfoques, planteamientos y actuaciones divergentes e, incluso, antagónicos.
10)
Transformar la inacción en activismo político consentidoLograr que la inacción, merced a una previa aquiescencia pactada, se transforme en acción que opere en beneficio colectivo al aportar nueva energía y capacidad de influencia al nuevo activismo político que inspiren.